Método

Una de las grandes virtudes de Juan Jacinto como maestro es que, no solo te enseña a andar por todos los caminos posibles de la literatura, sino que te provee de las herramientas, el coraje y la confianza necesarios para ir siempre un poco más allá en este maravilloso misterio de la escritura.

Ana Lía de Urán,
autora de Caballos de papel (Ed. Libros a Cuentagotas)

Su larga y exitosa trayectoria y su conocimiento de la literatura convierten sus clases en pequeñas joyas. Durante mis años en el taller he tenido la suerte de contar con un maestro cercano pero minucioso, con una impresionante capacidad de análisis de los textos y pasión por los detalles.

Miguel Garrido de Vega,
autor de Meigallo (Pulpture Ediciones)

Juan Jacinto tiene la habilidad de mostrar los entresijos del proceso creativo sin que este pierda su magia. Como maestro, destaco la virtud de saber potenciar la voz propia de cada uno, de trasmitir su pasión por la literatura y la motivación para afrontar todos los retos.

Esther Panduro Valderrey
Premio Internacional de Narrativa Breve Jorge Maldonado

Disecciona cada texto con precisión y cariño, fijándose en los aspectos que construyen una historia y que la convierten en un mecanismo vivo. En cada clase ofrece a los escritores de su taller decenas de consejos para que puedan seguir mejorando su literatura.

Quique Fernández
autor de Línea 2 (Haz Milagros Ediciones)

Todavía recuerdo el día que me apunté al taller de escritura con Juan Jacinto. Me cambió la vida. La escritura se convirtió en algo muy importante para mí. Y él lo ha potenciado. Un profesor excepcional que hace magia en cada clase.

Natalia Villanueva
autora de Desde mi realidad (Avant Editorial)

Con J.J. aprendí cuáles son los recursos necesarios para armar una narración sólida. Y lo más importante: con sus técnicas y su dedicación aprendí a reconocer mi propia voz, y a modularla para poder convertir cada pequeña idea en una gran historia.

Eduardo S. Aznar
autor de El manipulador de sueños (Playa de Ákaba)

Los talleres literarios siempre se basan en el trabajo de grupo.

Para quienes escribimos, contar con un círculo de personas con las que poder hablar de autores y lecturas, compartir afición y obsesiones, que te lean y que lo hagan además de una forma crítica y constructiva, es fundamental. No existe un remedio mejor contra la soledad del escritor.

Por eso para la Escuela de Imaginadores es tan importante que los grupos de trabajo sean afines y funcionen. Somos conscientes de que en muchos casos los compañeros se convertirán en amigos.

Y nos apoyamos en una triple fuente de aprendizaje: (a) el constante y profundo análisis de los textos en clase, durante las dos horas que dura nuestra reunión semanal, adiestrando la capacidad de detectar virtudes y errores en los relatos ajenos para adquirir perspectiva sobre los propios; (b) las lecciones teóricas que ordenen lo aprendido y proporcionen herramientas y destrezas técnicas, sin separarnos nunca de la práctica de la escritura; (c) el asiduo trabajo en casa, de una manera lúdica al principio, hasta que con los años acabe convirtiéndose en una disciplina y en una forma de vida.

No obstante, en la Escuela de Imaginadores vamos aún más lejos.

Nuestro acompañamiento se extiende siempre más allá del aula. En nuestros grupos se lee y se escribe, pero también se bebe, se come, se ríe y se sale. Participamos de los eventos culturales de la ciudad, tenemos muy presente la figura del mentor y nuestro compromiso es estar contigo en los distintos retos de tu carrera literaria.